Cierto es que escribía mis poemas desde la primaria, intentando usar la métrica y la rima como Dios me daba a entender... pero el desamor fue la herramienta más eficaz para que acabara escribiendo como una loca acerca del dolor del amor.
Es increíble cómo tengo que ser una verdadera masoquista para poder crear, las sonrisas y buenos ratos me causan pereza, en cambio la tristeza me ánima a ser creativa.
Mucho me temo que esa creatividad un buen día me destruya a mi misma, pero no hay opción, según dicen los destinos se encuentran trazados sin remedio, y debemos esperar a que un día el camino sea revelado.
Juan Carlos fue mi inicio, fue el hombre que hizo que mis dedos bailaran sin parar por un teclado que carecía de sentido.
Fue dulce y fue amargo, tal como debe ser el balance de la vida.
Y aunque han pasado bastantes años ya de esta historia, todavía por las noches, el sentimiento me asalta, veo la foto que tengo de él y le reclamo a la vida el no haberme dejado estar junto a él.
Descubrí que existe un ser que se denomina “manamavi”, aquellos que son mitad hombre, mitad mujer, o igualmente llamados hermafroditas... ahora si pudiera escoger sería uno y así libraría un impedimento natural... pero ¿qué podría hacer con mi mente de mujer?
Quien nos dividió por sexos y nos enseñó a amar al contrario... ha estado equivocado.
